Datos actualizados al 27 de octubre de 2026. El Niño está en evolución: revisamos esta nota con cada nuevo boletín de la NOAA.

Un fenómeno que dejó de ser una posibilidad

Durante meses, distintos organismos climáticos advirtieron sobre la posibilidad de un El Niño intenso para la primavera y el verano 2026-2027. Hoy ya no es una hipótesis: la NOAA mantiene vigente su aviso de El Niño y el fenómeno se sigue intensificando. Su último boletín agrega un dato que cambia la escala del problema: la probabilidad de que en octubre-diciembre se convierta en el evento más intenso desde 1950 es de 83%.

En Ecoaqua trabajamos hace más de 30 años en la construcción, recuperación y mantenimiento de lagos y lagunas artificiales en barrios privados, chacras y clubes de golf de Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. Eventos como este ponen a prueba justamente los sistemas que diseñamos y mantenemos. Por eso compartimos esta información, para que administradores, consorcios y clubes puedan anticiparse.

¿Qué es El Niño?

El Niño es una fase climática natural en la que se calientan de forma anormal las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica, los vientos, las lluvias y las temperaturas en gran parte del planeta.

En Uruguay el fenómeno suele traducirse en más lluvias, tormentas más intensas, mayor humedad y más riesgo de anegamientos e inundaciones. No todos los eventos son iguales: se clasifican como débiles, moderados, fuertes y muy fuertes según cuánto se aparta la temperatura del Pacífico de su promedio. El que está en curso apunta al extremo superior de esa escala.

Qué dice el último boletín de la NOAA

El Centro de Predicción Climática de la NOAA (la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos) publicó su diagnóstico el 8 de octubre de 2026. Los puntos principales:

  • El Niño se sigue fortaleciendo. La anomalía de temperatura del mar en la región Niño 3.4, la referencia para medir su intensidad, llegó a +2,1 °C. En el extremo oriental del Pacífico ecuatorial (región Niño 1+2) alcanzó +3,9 °C.
  • Más de 83% de probabilidad de un evento fuerte a muy fuerte, que se mantendría al menos hasta el trimestre enero-marzo de 2027.
  • 83% de probabilidad de un evento histórico en octubre-diciembre de 2026, es decir, más intenso que todos los El Niño registrados desde 1950 (un índice de +2,5 °C o más, según la definición de la NOAA). En el boletín de septiembre esa probabilidad era de 75%.

Si se cumple ese pronóstico, el evento 2026-27 podría igualar o superar a los llamados «Súper Niño» de 1982-83, 1997-98 y 2015-16, los más intensos de las últimas décadas. Aun así, los propios organismos aclaran que la intensidad global del fenómeno no define por sí sola cuánto va a llover en cada lugar: lo que aumenta es la probabilidad y la frecuencia de episodios extremos.

La NOAA actualiza su diagnóstico una vez por mes. La próxima actualización está prevista para el 12 de noviembre de 2026.

Qué significa para Uruguay

El Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) ya considera al evento como muy fuerte y prevé lluvias por encima de lo normal en todo el país durante noviembre y diciembre. Los efectos más marcados se esperan al norte del río Negro, donde las lluvias serían más persistentes. Además, las lluvias intensas en el sur de Brasil aportarían caudal a la cuenca del río Uruguay.

En el sur del país el cambio puede ser brusco: entre agosto y octubre llovió por debajo de lo normal, y la tendencia se revertiría en los próximos meses. Para un lago o laguna, pasar de un período seco —con niveles bajos y nutrientes acumulados en el fondo y en las márgenes— a lluvias intensas y frecuentes es una de las situaciones de mayor riesgo para la calidad del agua y la estabilidad de las costas.

Según Inumet, el impacto sería mayor en primavera y verano, se atenuaría hacia febrero y podría volver a sentirse en el otoño siguiente.

Cómo impacta en lagos y lagunas artificiales

Durante un El Niño intenso suele subir el nivel de lagos y lagunas, se expande su superficie, se conectan lagunas que normalmente están aisladas, aumentan el recambio y el lavado del agua, se activan conexiones con las napas y crecen los escurrimientos y la erosión.

El mayor recambio reduce el tiempo de permanencia del agua y favorece el ingreso de materia orgánica, sedimentos y nutrientes, lo que suele desequilibrar fuertemente su calidad. Entre las consecuencias más frecuentes:

  • pérdida de transparencia y aumento de la turbidez, con agua amarronada por sedimentos o verdosa por exceso de plancton y algas;
  • florecimientos de algas, tanto unicelulares como filamentosas, y aparición de malos olores;
  • estratificación y caída del oxígeno en las zonas profundas, sobre todo cuando a una lluvia intensa le siguen días cálidos y sin viento, con riesgo de mortandad de peces;
  • más oleaje y erosión de costas, con daño a la vegetación costera, roturas de geomembranas y geotextiles, y deterioro de terraplenes;
  • una exigencia mucho mayor sobre rebalses, bombas, compuertas, sistemas de aireación y recirculación, y procedimientos de emergencia.

Cuando además ingresa agua cargada de nutrientes y fertilizantes desde jardines, canchas de golf o campos linderos, la eutrofización se acelera y la pérdida de calidad y transparencia se vuelve aún más notoria.

Qué hacer ahora para prepararse

No se trata de un fenómeno de un día para el otro: todavía hay tiempo para actuar antes de los meses de mayor intensidad, esperados hacia fin de año, con efectos que se extenderían durante el verano. Entre las acciones más efectivas:

  • diagnóstico y refuerzo de las costas expuestas a erosión;
  • mantenimiento preventivo integral de bombas, aireadores, recirculadores, compuertas, rebalses y sistemas de evacuación de excedentes;
  • limpieza de los cuerpos de agua y de sus vías de ingreso, para mantenerlas libres de vegetación y residuos;
  • suspensión de las fertilizaciones en áreas que escurren hacia lagos o lagunas;
  • monitoreo intensivo de la calidad del agua y control preventivo y temprano de algas;
  • donde el diseño lo permita, bajar preventivamente el nivel del espejo de agua para ganar capacidad ante lluvias intensas, sin dejar expuestos taludes ni geomembranas.

Conclusión

Un El Niño de esta intensidad pone a prueba a cualquier lago o laguna artificial, pero los daños más serios se pueden prevenir si se actúa antes del pico. En más de 30 años de trabajo atravesamos varios El Niño anteriores, y sabemos qué obras y qué protocolos marcan la diferencia entre un cuerpo de agua que resiste la temporada y uno que sufre daños serios.

Fuentes